Mas sobre la paranoia y el delirio.

La psiquiatra Mª José Moreno explica cómo determinados acontecimientos vitales pueden desencadenar cambios afectivos y cognitivos que den lugar a la paranoia y al delirio.

¿Qué hace que una persona normal con rasgos paranoides pueda llegar al delirio y encontrarse en una situación extrema? ¿Qué distancia hay entre una personalidad marcada por la suspicacia y una enfermedad?

Según la psiquiatra Mª José Moreno Díaz, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Córdoba, ese espacio parece estar mediatizado tanto por factores afectivos como cognitivos.

Tal y como explica la experta durante su conferencia “El Yo paranoide: de la sospecha al delirio”, impartida en el marco del XVI curso de Actualización en Psiquiatría que se celebró los días 6 y 7 de marzo en el Palacio de Europa de Vitoria-Gasteiz, algunos autores parten de que determinados acontecimientos vitales en el sujeto pueden provocar cambios emocionales importantes, como ansiedad intensa, que pueden llevar a su vez a cambios cognitivos (en atención, memoria, percepción…), produciéndose una evolución anómala del entorno y de los otros que les lleva al delirio como forma de explicación de aquello que les rodea. “Así acaban con sus dudas y se tranquilizan”, apunta.

El universo paranoide está regido por la desconfianza y la suspicacia hacia los demás, algo que impide al sujeto tener relaciones interpersonales adecuadas. “Y cuando las tiene, casi siempre están marcadas por la sospecha, la no intimidad, atribución a los demás de sentimientos e intenciones dañinas hacia él…”, señala Moreno.

En su intervención, la psiquiatra dilucida los mecanismos que se encuentran subyacentes en el paso entre una forma de ser (Yo paranoide) a una forma de estar enfermo (Yo delirante), mediante lo que los expertos denominan Reacción Paranoide. “Lo primero y más importante sería diferenciar a la persona paranoide del trastorno de personalidad paranoide y de lo que es una enfermedad, que en este caso es la paranoia”, aclara Moreno.

Tal y como explica la experta, la persona paranoide no tiene síntomas “si la consideramos como una forma de ser”. Posee un Yo con unas características especiales de desconfianza básica, negación de apego, minusvalía, estado permanente de alerta, utilización del mecanismo de defensa de la proyección, suspicacia, hipersensibilidad a la crítica, restricción afectiva… “Puede ser que una persona con un Yo de estas características en un determinado momento tenga una reacción paranoide y haga sincrónicamente un síndrome delirante, sin que llegue a constituirse en una paranoia”, explica.

Actualmente, la paranoia está incluida entre los Trastornos Delirantes Crónicos y se caracteriza por presentar un síntoma principal. Se trata de un delirio bien sistematizado y monotemático que frecuentemente es de persecución, pero que también se manifiesta con celos, grandeza o con rasgos de una persona hipocondriaca, megalomaniaca —obsesión por el poder y creencia de poseer riqueza— o erotomaniaco —convicción delirante y persistente de ser amado—.

La paranoia tiende a presentarse en sujetos de 40 años y con una “ligera preferencia” por el sexo femenino. Su prevalencia es del 0,03% en la población general.

FUENTE: DOCOR COMUNICACION. 2008 MAR

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Publicado en Salud mental

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