La niebla favorece las depresiones por la falta de luz y la suciedad del aire

Este fenómeno también afecta a las personas con trastorno bipolar, pero no a otros enfermos mentales.

La niebla persistente, como la que se vivió a final de año en muchas zonas de Aragón y que estos días ha regresado, no solo dificulta el tráfico y otras actividades, sino que también altera el estado de ánimo de las personas, sobre todo de aquellas propensas a la depresión.

Hay diversos estudios que confirman que la niebla aumenta el número de depresiones al menos en aquellas personas predispuestas a ellas, explica el psiquiatra del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, Javier García Campayo.

La razón está argumentada con fundamentos científicos. Por un lado, disminuye la luz, algo que afecta mucho a este tipo de personas. En los países nórdicos, donde las horas de luz en invierno son escasas, el número de depresiones es más elevado que en otras zonas del planeta. En el caso de España, donde luce el sol mucho más tiempo, el contraste con los días de niebla provoca muchas alteraciones en el estado de ánimo.

A esta circunstancia hay que sumar el hecho de que cuando hay niebla, esta fija las partículas suspendidas en el aire e impide que se limpie. “Los iones presentes en el aire están más cargados”, algo que incide en el buen estado de ánimo de las personas, señala el especialista.

Si llueve, el aire se limpia y se evita la acumulación de partículas. En el caso de que los vientos sean mistrales o tramontanas la cosa cambia, ya que provocan también que los iones estén más cargados.

El cierzo, más presente en la Comunidad aragonesa, limpia el aire de partículas, sin embargo invita a la gente a quedarse en casa por la sensación de frío que provoca, algo que también favorece los episodios depresivos. Y es que este tipo de enfermedades responden a una serie de circunstancias y no a una sola.

La niebla también afecta a aquellas personas con trastorno bipolar (tienen periodos de depresión repetitivos alternados con temporadas de gran euforia) por las mismas razones antes expuestas. No sucede lo mismo en el caso de otras enfermedades mentales, como es la esquizofrenia, en las que no intervienen de esta forma los factores meteorológicos.

El psiquiatra del Miguel Servet dejó claro que en lo que se refiere a fenómenos climatológicos el cambio de estación del año y de temperatura tienen una fuerte incidencia sobre las personas propensas a la depresión. Las principales incidencias, dijo, “se producen en otoño más que en invierno”.

A pesar de todo, insistió en que este tipo de enfermedades mentales se agravan o manifiestan por un conjunto de circunstancias y no solo por el efecto de los fenómenos meteorológicos.

Por ejemplo, entre otras cosas, las fiestas navideñas también afectan mucho a estas personas con tendencia a la depresión.

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